• Paola Rubio

El ABC de los problemas existenciales


Yo tengo un problema, tú tienes un problema, él tiene un problema, ella tiene un problema, nosotros tenemos un problema, ustedes tienen un problema, ellos tienen un problema… por lo cual todos debemos saber que:

a) Problema es igual a Aprendizaje. Lo primero que requiere saber el lector antes de que continuar, es que es totalmente falsa la frase que escuchamos con cierta frecuencia: “todo problema tiene solución, excepto la muerte”. Hay problemas que tienen solución y hay problemas que no la tienen, por lo menos para la mayoría de las personas que no están tan habituadas a encontrarle a absolutamente todo, el lado positivo o la bendición escondida, como proponen algunas concepciones espirituales. En un mundo más práctico, los problemas se solucionan o no. Sin embargo, lo que no podemos negar, es que detrás de todo problema, hay un aprendizaje y esto es instintivo, no lo podemos evitar. ¿Vieron el video que rueda por las redes sociales del perro que orgullosamente carga en su hocico una enorme rama, y se enfrenta al difícil dilema de querer atravesar un puente colgante pero el tamaño de la rama, no se lo permite? Es muy gracioso y tiene un final feliz: el perro, después de varios intentos resuelve que tiene que girar la rama para que no siga bloqueándole el paso, y corre feliz a alcanzar a su amo del otro lado del puente, con todo y rama. El perro ahora incorpora estos nuevos “programas” a su centro de información y sabrá como proceder en adelante. Nosotros los humanos, aunque somos más sofisticados y tenemos varias formas de aprender (como ensayo-error, por empatía transpersonal, consciencia y enfoque, etc), una de ellas muy efectiva y popular, es a través de los problemas. Cuando el problema no tiene solución, también hay aprendizaje (y crecimiento) que consiste en: aprender a vivir a pesar del problema, desarrollar nuevas competencias personales, como la tolerancia a la frustración, la paciencia, el autocontrol emocional, etc. Este aprendizaje no es tan dulce como el que se genera a partir de la solución del problema, pero también es muy efectivo y clave para el desarrollo personal.

b) El problema está en tu cabeza. Y con esto quiero decir, que tu problema es una historia y sólo eso. Hace unos meses atendí a “Lupita”, quien se acercó a mí en busca de Coaching por que en su última revisión de resultados en la empresa, sus superiores le hicieron saber que era una ejecutiva competente, responsable, capaz y totalmente confiable en lo que respecta a sacar el trabajo; pero sus problemas interpersonales, su falta de autocontrol emocional, eran factores que le estaban impidiendo subir a un nivel de liderazgo mayor. Cuando le pregunté a Lupita, qué la llevaba a Coaching, ella me dijo que tenía muchos problemas emocionales, era demasiado sensible y reactiva con las personas, y todo esto a raíz de un evento que cambió su vida hace 7 años. Se sometió a una cirugía estética, por un error humano, se les pasó la mano con la anestesia, Lupita se murió. Después de unos minutos los médicos lograron revivirla y a partir de entonces, nada ha sido igual… A continuación le pregunté porqué ella creía importante contarme esa historia y me respondió que el médico le había aconsejado que la contara una y otra vez hasta que dejara de dolerle. Llevaba siete años contando esa historia. ¿Su problema se resolvía o empeoraba? ¿Había dejado de dolerle? Si yo a ti, lector, te pido que definas tu problema, me vas a contar una historia sustentada en tu interpretación de las cosas, porque los humanos somos esencialmente lingüísticos y conceptualizamos las cosas de acuerdo al acervo semántico con el que contamos. Si sabemos esto, entonces podemos reformular el problema a partir de cómo lo presentamos verbalmente. Hice este ejercicio con Lupita y descubrimos que su autocontrol emocional era más una manera de mantener viva su historia que el problema original en sí. Y es que a veces uno necesita mucho identificarse con las historias que se ha contado sobre sí mismo y esto impide que veamos las soluciones. Lupita, al dejar de identificarse como una víctima de ese evento, puede entonces iniciar un proceso para trabajar con el manejo de sus emociones, desde un postura proactiva y no reactiva. En el primer caso, estás atrapado en una categoría de víctima, de sobreviviente, en la segunda abres nuevas posibilidades y directrices de qué es lo que tienes que hacer para solucionar el problema.

c) El Problema persiste en función de los esfuerzos que hacemos para solucionarlo. Pedro había sido recientemente nombrado Gerente de Finanzas. Cuando tomó el cargo, quiso poner orden con quienes anteriormente eran sus compañeros y hoy son sus subordinados. Lo que primero que hizo, fue adelantar dos horas el horario de oficina. No funcionó, la gente seguía llegando a las 10 y estaban molestos con Pedro. Para solucionar esto, decidió regresar a su casa a todo aquel que llegara a las 8:15, descontándole el día. El primer día regresó a catorce (de dieciséis), para la segunda semana, seguía regresando a la mitad del equipo. El trabajo se acumulaba, el caos crecía, el enojo con Pedro iba en aumento. Para solucionar esto, Pedro decidió que prohibiría el uso de redes sociales que le quitaban tanto tiempo a las personas para ponerse al día con todo lo atrasado; también prohibió el uso de celulares en horario de trabajo y las salidas a fumar el cigarrito. La gente estalló, algunos renunciaron, los más se quejaron. Pedro todo lo hizo con la mejor intención, el problema fue su método de solución, aplicó el típico “más de lo mismo”, más rigidez, más castigo, más severidad, cuando la solución era mucho más simple y sólo dependía de él: mostrar mayor flexibilidad y tomar el control del departamento sutilmente y poco a poco. Necear queriendo implementar una solución que ha demostrado ser fallida, hace crecer el problema, lo multiplica y lo enreda más, como le sucedió a Pedro quien ahora tendrá que lidiar con el nuevo problema que le representa su equipo enojado, el cuál no hubiese tenido si no hubiera insistido en más de lo mismo.

Te dejo estas tres preguntas

para que trabajes en encontrar la solución de tu problema:

  1. ¿Qué aprendes de éste problema? ¿Cómo este problema te ha hecho mejor ser humano?

  2. Enuncia tu problema de manera diferente, en donde tú te coloques en una postura de poder (lo que puedes hacer) y no de víctima (lo que tienes que soportar)

  3. Las soluciones que has intentado ¿han funcionado? ¿Qué cosa no has hecho aún?

Y nos leemos en quince…

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