¿Por qué tienes la pareja que tienes?

March 26, 2016

 

En una entrega anterior, hablamos sobre las cualidades de una relación de pareja sólida y trascendental, más allá de la cobertura de necesidades individuales. Decíamos que la primer semilla para el fracaso de una relación se siembra desde el momento de la elección, más específicamente, cuando esta elección está basada en que otro cubra mis carencias personales.

Lo más curioso de todo este asunto es que cuanto más nos guiamos en la elección de pareja por cubrir necesidades, más nos alejamos de satisfacerlas, porque la vida nos enseña una y otra vez que la respuesta no está a fuera sino adentro de nosotros, y continuamente nos estará presentando escenarios y actores que nos plantean retos para aprender, de una vez, lo que nos toca aprender sobre nosotros mismos. Si no pasamos estas pruebas, seguiremos repitiendo patrones, cada vez de formas más marcadas y recalcitrantes. Cada nueva pareja, tendrá un nuevo nombre y una nueva cara, pero fuera de eso parece una copia idéntica de las parejas anteriores. A mi me gusta llamarlo el síndrome del eterno retorno, concepto acuñado por Nietzsche.

¿Te has puesto a pensar por que todas tus parejas han sido celosas? ¿Porqué si detestas el alcohol, tus últimos tres novios tenían problemas con el trago? ¿Porqué si resistes tanto el control, acabas emparejado con personas mandonas, obsesivas o dominantes? ¿Porqué te sientes atraída (o) por personas no disponibles? La respuesta a estas preguntas, se esconde en otra pregunta : ¿Qué me está pidiendo la vida que aprenda de una vez por todas? Y ojo, la respuesta tiene todo que ver contigo y nada que ver con los demás.

Otro síndrome mucho más común de lo que quisiéramos,  en las parejas “consolidadas”, es el síndrome del “Todo está bien” y consiste básicamente en ignorar los focos rojos que se prenden y que te están indicando la necesidad de un cambio, de replantear la relación.  Es más simple de lo que parece: Si tienes que ser infiel, buscar afuera lo que no hay dentro, estás mal emparejado. Si has dejado de experimentar gozo, alegría, desafío, objetivos en común, intereses similares, etc., pon atención, evalúa las posibilidades de reactivar la chispa, encuentra oportunidades para tu crecimiento personal superando obstáculos juntos y creciendo individualmente y como pareja. Si tu escenario actual no se presta para volver a encontrar en el amor, la magia, las ganas de darte, no te quedes jamás en una relación por miedo a la soledad, por miedo a dañar a otros, por miedo a la incomodidad o pereza. Lucha, pero acepta. Y con esto no quiero fomentar la cultura de lo desechable, simplemente quiero que aprendas a escuchar los avisos de peligro a tiempo, ya que, al igual que el síndrome del eterno retorno, cualquier asunto que no atiendas a tiempo, crecerá, persistirá y empeorará.

Si estás soltero pero en una relación de paz contigo mismo, sin hambre de otro, tendrás muchas posibilidades de conectar contigo mismo e identificar más fácilmente cuando una persona es la indicada para ti. Si estás en una relación de pareja estable, sólida, amorosa, comprometida, sincera, que te aporta dicha y alegría, ¡enhorabuena!, puede suceder que esa relación te apuntale a convertirte en  una mejor versión de ti mismo (a), siempre y cuando recuerdes que esto depende 100% de ti, y que tu pareja es tu compañero, tu cómplice, pero no es responsable de ti.

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September 1, 2016

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