Conoce a tu oponente

March 26, 2016

 

Sin importar edad, sexo, raza, religión, nacionalidad o nivel académico, todos, absolutamente todos los seres humanos tenemos algo que nos hace intrínsecamente iguales: cargamos un ego dentro de nosotros. El ego es una máscara de nuestra personalidad para adaptarnos a lo que creemos que es la realidad. El ego es el autoconvencimiento de que somos de tal o cual manera y por ende nuestras respuestas ante la vida están marcadas por un acento singular que nos define y nos mantiene atrapados en una falsa autoconcepción.

Nuestro ego comienza a hacer su aparición conforme abandonamos la niñez y vamos adquiriendo cuatro ilusiones básicas que le dan forma: la ilusión de que merecemos un trato especial por parte de los demás, la ilusión de que hay algo allá afuera de mí que llenará mi vida (dinero, títulos profesionales, una pareja),  la tercera que se refiere a la creencia de que tenemos que estar en control de las situaciones para ser felices, y la última, que apunta al miedo que nos provoca el cambio por que no queremos experimentar sentimientos incómodos o perder la aprobación de los demás.

 

El ego está presente en todo momento hasta que aprendemos a identificarlo y dejamos de escucharlo, actuando en consecuencia. Esto no quiere decir que en algún momento podemos convertirnos en personas libres de ego, pero si quiere decir que nuestra conciencia tiene mayor dominio que el ego sobre nuestras acciones. Conocer y restringir el ego es el primer paso para la transformación personal, la cual es, a su vez, el primer paso de la transformación cultural y global. Las guerras, la discriminación, la violencia, sin importar cual sea la justificación, tienen su origen en el reinado del ego.

El Ego, o como algunos nos gusta llamar El Gran Oponente, (dato cultural: La palabra Satán en arameo significa “adversario”) hace su aparición principalmente cuando surgen dificultades en la vida cotidiana.  Imagina estar en la fila de la oficina de gobierno, en la cual llevas más de una hora formado. Llegas finalmente a la ventanilla y resulta que se ha caído el sistema. Te piden que regreses más tarde. Nadie en sus cinco sentidos recibirá esto como una buena noticia,  excepto tu ego que tiene la oportunidad de apoderarse de ti y de hacerte reaccionar. Puedes enojarte, puedes insultar al funcionario de la ventanilla, al sistema, puedes ponerte a llorar, puedes repetir una y otra vez en tu cabeza tu indignación por haberte hecho perder tu tiempo, puedes no regresar a concluir tu trámite o postergarlo, etc. Hagas lo que hagas, si no estas consciente de él, tu respuesta será la que tu ego decidió.

 

Restricción es la palabra clave para lidiar con el ego, y aquí queridos lectores, les dejo una tarea muy básica pero poderosa para que vayan domesticando a sus egos, y es la siguiente: Absolutamente todo lo que ocurra esta semana, especialmente lo más feo o difícil, lo vas a interpretar como una oportunidad de crecimiento personal, y a continuación vas a recordar que tu enemigo no es el funcionario de la ventanilla o el vecino que estacionó su coche en tu lugar. Tendrás que recordar que tu verdadero oponente, es tu reacción. A continuación, haz algo distinto a lo que siempre harías. Si normalmente te enojas, ésta vez sonríe y tranquilízate. Si tiendes a desconfiar, haz un voto de confianza, si tiendes a postergar, hazte cargo en ese momento.  Es importante que registres las ocasiones en las que actuaste proactivamente en vez de reactivamente. Y por último, comienza a observar los milagros que ocurren en tu vida a partir de que hiciste conciencia y actuaste proactivamente.

 

Déjenme saber cómo les va.

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