El síndrome del "de repente"

March 26, 2016

Todo estaba en calma. Diez años de casados, dos niños, viajes a Disney y a la Playa, auto de lujo y camioneta, golden retriever, membresía en el country club,  y una casa con jardín. Y entonces, él se enamora de una chica veinte años menor, o ella decide que quiere comenzar una nueva vida al lado de su maestro de tennis. Todo ocurrió tan de repente…   “Así es la vida, tiene altas y bajas y las cosas buenas y malas ocurren de repente sin que uno pueda hacer algo al respecto”, diría la conciencia tradicional, maniatada y carente de toda responsabilidad, la conciencia a un nivel meramente básico y de supervivencia.

Una conciencia más afinada, reconoce que no existe tal cosa como el “de repente”. Nada ocurre aleatoria y accidentalmente. Todo lo que nos sucede –lo bueno y lo malo– es el resultado de una semilla que plantamos tiempo atrás. No hemos terminado de hacernos conscientes de la ley universal causa-efecto.  Nos percibimos como el resultado de las circunstancias (efecto) y no como sus creadores (causa). Por eso es tan fácil ser víctima de todo y de todos. De aquel que me hace enojar, de la situación económica que no me permite salir adelante, de las vivencias difíciles que me han tocado experimentar.  Cuando no nos reconocemos como parte del problema, tampoco somos parte de la solución.

 

El síndrome del de repente nos hace creer que a la gente buena le pasan cosas malas y viceversa, es decir, que la ley de causa-efecto no funciona y que nuestros actos pueden no acarrear ninguna consecuencia. Si el tiempo no fuera una cortina de

 

humo, una ilusión que dificulta el entender esta ley, podríamos darnos cuenta de que toda acción –buena o mala- implica un resultado directamente proporcional, tal vez no de manera inmediata pero en algún momento.  Por eso resulta muy difícil comprender de qué forma alimentamos los patrones repetitivos que se presentan en nuestra vida. Relaciones fallidas que tienen generalmente el mismo color, resultados reiterativos, fracasos crónicos, etc., que ciegamente creemos que ocurren de repente. Es como la película de El Día de la Marmota con Bill Murray. Se nos repetirá la misma circunstancia una y otra vez , hasta que seamos capaces de entender de qué forma nosotros creamos nuestros resultados.

 

La buena noticia es que el síndrome del de repente tiene una cura accesible, definitiva y sencilla, -que no es lo mismo que simple- y consiste básicamente en desarrollar la conciencia a un nivel más espiritual. Espiritualidad no es meditar, repetir mantras, o recitar los escritos de Osho. La espiritualidad en su definición más sencilla, es el desarrollo de la conciencia a través de cambiar nuestras acciones y nuestra actitud ante la vida,  entendiendo como un regalo y reaccionando de modo distinto a los desafíos que se nos presentan principalmente en lo que no nos gusta, nos cuesta trabajo, nos incomoda o nos exige un esfuerzo personal mayor, porque ahí, Señoras y Señores, es en donde está la oportunidad para crecer. El primer paso es tomar conciencia de esto, el segundo, repito es hacer algo distinto, desactivar nuestras respuestas automáticas y elegir nuevas formas de reaccionar. Cambiar no es fácil pero el día de hoy hay tantos recursos disponibles que sería un pecado no hacerse cargo de comenzar a sembrar semillas que germinen en prosperidad, amor, paz interior, éxito, y demás vivencias, que por cierto, todos en ésta vida, anhelamos experimentar. Y así, “de repente”, la vida tendrá un mejor sabor.

 

¿Apostamos?

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